Camina erguida, rápido, sin detenerse. El recorrido le es conocido, de su piso de alquiler en Gaztambide a la parada de metro de Arguelles. Son las siete de la mañana y, por primera vez en lo que va de curso, siente frío. “Ya era hora” se dice a si misma.
Al llegar a la estación saca su billete y pasa por uno de los tornos. Los carteles le avisan de que ya puede adquirir el abono de noviembre. “Menudo sablazo, si al menos tuviese coche”. Pero su ajustado sueldo no se lo permite: pagar la casa, los gastos del día a día y este mes, además, los libros de los dos niños. Piensa en ellos y recuerda que la canguro se encargará de despertarlos, darles de desayunar y llevarlos al colegio dentro de una hora. Qué haría ella sin la ayuda de Mariana. Llegó a España hace nueve años y ahora toda su familia subsiste con lo que ella gana. A su marido hace tiempo que no le sale nada. “Asco de crisis”.
El vagón va repleto a esa hora y no encuentra sitio para sentarse. Ojeras, personas dormidas en sus asientos y jóvenes trajeados, mileuristas la mayoría, comparten el tren con unos cuantos estudiantes, amas de casa que se han buscado un trabajo para llevar algo de dinero a casa, padres de familia y, ocasionalmente, los últimos supervivientes de la noche madrileña.
Pero ella apenas repara en el rostro del resto de los viajeros. Bastante tiene con pensar en el fin de semana. Los chicos lo pasarán con su padre y su actual pareja. Se divorciaron hace dos años y desde entonces ha pagado la pensión en contadas ocasiones. No tiene dinero, dice, y ella le cree. “Su coche nuevo le ha tenido que costar más de cuatro kilos. ¿Por qué me enamoraría del más cabrón?” se fustiga.
Todavía tiene que atravesar ocho estaciones y lo que le espera al llegar hace tiempo que no le motiva. “Para ser la compañía telefónica líder, las condiciones laborales de sus trabajadores son una basura”. A pesar de ello no piensa quejarse, no serviría para nada. Bueno sí, en dos días estaría pasando los lunes al sol.
Ahora se aburre y su mirada va a posarse en el periódico gratuito que lee la señora de al lado. “Una cuarta parte de los españoles asegura que duerme peor que el año pasado” titula el periodista. “Los problemas laborales y el miedo al paro, al frente de las cosas que les quitan el sueño”. Por primera vez en lo que va de mañana sonríe. Hoy es jueves, día de la pizza en casa. Seguro que cuando vuelva, ya de noche, sus hijos la estarán esperando impacientes por empezar a amasar.