Fiesta de disfraces
El pasado 11 de marzo, cuando se cumplían seis años de la masacre perpetrada en los trenes de Madrid, leí uno noticia que despertó en mí un fuerte sentimiento de rabia e indignación. El Ministerio de Interior ha puesto en manos de la Abogacía del Estado el caso de una mujer que presuntamente habría defraudado a la administración haciéndose pasar por víctima de los atentados. Lorena Candelario, nacida en Ecuador, ha recibido durante todo este tiempo decenas de miles de euros reservados a los afectados, la nacionalidad española e incluso un piso de titularidad pública. Bastó un diagnóstico de reacción aguda al estrés, presumiblemente erróneo, para que fuese acogida.
No crean que éste es el único caso en el que alguien finge ser lo que en realidad no es. A diario nos encontramos con situaciones similares, aunque no sean tan alarmantes ni ocupen la portada de ningún periódico. ¿Qué me dicen de ese político que se deja engatusar por el empresario de turno? ¿No fue elegido para velar por los intereses de la ciudadanía? Podría seguir con los profesores universitarios que rara vez pisan un aula, los curas expertos en legislación sobre el aborto e incluso con los periodistas.
Y es que la TDT, presentada como la gran revolución de la televisión, ha dejado, de momento, varios pseudodebates protagonizados por quienes, siendo periodistas, se dedican a la propaganda , la polémica y el griterío más zafio. A su lado, los programas del corazón: sus fuentes fiables, “periodistas” de dudosa cualificación y esas entrañables broncas de guión, parecen cosa de niños.
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Se me viene a la cabeza el caso de una española que hizo lo mismo pero con el 11-S. Como dijo aquel torero, “Hay gente pa’ to”. Y más cuando hay dinero de por medio.
En cuanto a lo de la TDT, creo que entre la teletienda y las reposiciones tardaremos bastante en asimilar el nuevo modelo. Hay debates que están bien, otros que mantienen la tónica de lo habido en analógico (como cierto debate en TMadrid al mediodía) y otros que a los programas del viernes por la noche no tienen nada que envidiar. Ojalá que a estos últimos las audiencias les sean esquivas. Un saludo.
Estoy alucinando con la desfachatez de esta “mujer”…